Historia

IAC

domingo, 24 de febrero de 2019

Comienzo de Cuatrimestre


Viernes 29 de marzo de 2019

En éste año nuestro tema será "Habitar la ciudad y habitar la vivienda".

Comprender la arquitectura desde el habitar : cómo se corresponden los espacios con el habitar. Para pensar la arquitectura y la ciudad a partir de las prácticas sociales de sus habitantes.

Estudiaremos: los ritos y las prácticas sociales / el habitus / las sociabilidades / las formas de apropiación de los espacios / las nuevas sociabilidades en la era de la realidad virtual / la disputa por el sentido.
Los esperamos.

viernes, 16 de febrero de 2018

Propuesta de Cátedra


El objetivo de nuestra materia es comprender ese espesor que tiene el presente y que llamamos pasado. Cuando pensamos en vincular o relacionar el pasado con el presente es porque previamente lo hemos separado, y en rigor son inseparables. Es la idea de San Agustín de que solo existe el presente que contiene el presente del pasado y el presente del futuro.
Perder la inocencia de un mundo “natural” y comprender los complejos procesos de la cultura que producen la arquitectura. Los conocimientos históricos son útiles para proyectar, criticar, y “leer” (disfrutar) obras en la medida en que permiten inferir consecuencias de acciones, identificar estados deseables y axiologías subyacentes, a condición de no limitarse a una simple enumeración de hechos sino a generar una inteligibilidad progresiva, no solo del pasado sino principalmente del presente.
Comprender la tradición permite transformarla, tener una actitud crítica frente al hacer.
Comparto la postura de Joseph Rykwert cuando dice:
               "La historia se hace siempre desde un punto específico, para una persona específica, y por una razón específica. (...) cuando enfocamos la historia siempre somos autobiográficos."[i]
Y nuestro punto específico es la formación de profesionales en las disciplinas del habitar.
Entender la historia como tradición viva, como construcción desde un momento y un lugar, implica asumir nuestra condición de habitantes de Buenos Aires hoy; y nos lleva a alejarnos de una visión enciclopedista de la historia y fomentar que los alumnos vayan interrogando a la historia desde sus preocupaciones.
La comprensión de las obras significa poder desplegar el mundo que abre y descubre cada una de ellas.

Del taller.
Proponemos la modalidad de taller: un lugar de trabajo compartido en común por docentes y alumnos, para conseguir comprender mejor la arquitectura y la ciudad.
Los prácticos se desarrollarán en base al “estudio de casos” (situaciones dilemáticas), que serán expuestos y discutidos en el taller. Para nosotros los “casos” serán: a) las obras, ya que el conjunto de decisiones que adopta el proyectista son de por sí situaciones dilemáticas, en las que inevitablemente se privilegian algunos factores por sobre otros. La comprensión de éste fenómeno de la práctica arquitectónica (que la diferencia de las ciencias “duras”) prepara al alumno a enfrentar situaciones que no tienen soluciones unívocas, sino que dependen de decisiones, lo que requiere la comprensión de los factores en juego. b) serán “casos” los conceptos teóricos, debates, posiciones contrapuestas de autores, etc.

Del docente.
No podemos negar la existencia de un imaginario en torno a la figura del docente que le otorga poderes en función de “lo que sabe” y lo define como única autoridad dentro de un grupo, por eso nuestra propuesta desde la cátedra es que el docente adopte el rol de coordinador, la función específica  de los coordinadores no será la de traspasar o  trasmitir (imponer) su “caudal de conocimientos” a los alumnos sino el de buscar las condiciones adecuadas dentro del grupo para el aprender (dejar aprender) y para garantizar que se cumplan los objetivos planteados evitando que las discusiones escapen de la problemática definida. Para ello es capital poner entre paréntesis los roles programáticos de docente-alumno y construir un ambiente apto para el pensamiento en conjunto que definirá la posición intelectual, ser del grupo dentro del taller, basándose en la experiencia/historia que cada individuo trae consigo y las modificaciones que surjan del intercambio con el resto.
El coordinador cambia (y aprende) con el grupo y son estos los que definen los contenidos e intereses durante el curso.
Del examen final.
Nuestro final pretende ser una instancia más de aprendizaje. Es oral y público, es decir que quienes estén pensando presentarse, pueden presenciar los exámenes que den sus compañeros en fechas anteriores.
El contenido del final es la defensa del trabajo comenzado en la cursada y desarrollado posteriormente. Consiste en la exposición, por parte del alumno, del contenido de su trabajo, indicando sus objetivos, sus puntos de interés, las preguntas que han surgido a partir de la profundización del tema y de la incorporación de la bibliografía acordada con los docentes al final de la cursada.
Se evaluará: La comprensión de la problemática planteada por el alumno. La pertinencia de los temas respecto de la problemática planteada. Y la comprensión de la bibliografía incorporada. 

De las (no tan) nuevas tecnologías 
Es necesario pensar la nueva relación que traen las nuevas generaciones respecto a su modo de producir conocimientos vía internet frente a la tradicional basada en libros impresos. Algunos ven en eso un desastre. En realidad hay una disputa entre dos maneras de conocer. La del libro lleva a preguntarse quién escribe, por qué escribe, el problema del autor es determinante. En google no importa quién escribe sino qué dice. Se ordena más por contenidos que por autores, se diluyen los autores y la autoridad (escribe cualquiera). La cultura del libro no se opone a la ignorancia, como pretenden muchos, sino a otros modos de saber, a otros protocolos y a otros controles, en definitiva a otro sistema de autoridad, quizás más democrático que el de la cultura del libro.
¿Han sido premonitorias las palabras de Foucault?:
Podemos imaginar una cultura donde los discursos circularían y serían recibidos sin que la función-autor apareciera nunca. Todos los discursos, cualquiera sea su estatuto, su forma, su valor, y cualquiera sea el tratamiento a que se los someta, se desarrollarían en el anonimato del susurro. Ya no se oirían las preguntas por tanto tiempo repetidas: “¿Quién ha hablado realmente? ¿Es en verdad él y nadie más? ¿Con qué autenticidad o qué originalidad? ¿Y ha expresado lo más profundo de sí mismo en su discurso?” Sino otras como éstas: “¿Cuáles son los modos de existencia de ese discurso? ¿Desde dónde se ha sostenido, cómo puede circular y quién puede apropiárselo? ¿Cuáles son los emplazamientos que se reservan allí para sujetos posibles? ¿Quién puede ocupar esas diversas funciones de sujeto?” Y detrás de todas estas preguntas no se oiría más que el ruido de una indiferencia: “¿Qué importa quién habla?”[ii]


[i] Rykwert, Joseph. ¿Una mente sana en un cuerpo sano? En Summarios 115. Ediciones Summa Bs. As. 1987
[ii] Foucault, Michel. ¿Qué es un autor? Ediciones literales, Buenos Aires, 2010; pág. 42